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VOLVER A NOMBRAR AL PUEBLO El nuevo trabajador argentino: del sindicato a la app


En cada ciudad del país se repite la misma escena: un joven en bicicleta, mochila cuadrada, pedaleando bajo el sol o la lluvia. No tiene obra social, ni sindicato, ni feriado, ni aguinaldo. No es un “emprendedor”. No es un “libre”. Es el nuevo trabajador argentino, el que sostiene la economía real mientras el discurso dominante lo reduce a un algoritmo.

Durante décadas, el peronismo tuvo un sujeto histórico nítido: el trabajador organizado. Ese trabajador tenía fábrica, delegado, convenio, obra social, identidad. Hoy, la fábrica es una app; el delegado, un chat automático; el convenio, un “términos y condiciones” que nadie leyó. La pregunta es inevitable: ¿cómo reconstruir la épica peronista en un país donde el trabajo se volvió invisible?

La precarización no es un accidente: es un modelo

Según el Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA), más del 45% de los trabajadores jóvenes está en condiciones de informalidad o precarización estructural. Fuente: https://www.uca.edu.ar/es/observatorio-de-la-deuda-social-argentina

La precarización no es un error del sistema: es el sistema. Es la forma contemporánea del privilegio: unos pocos acumulan datos, rentas y plataformas; millones venden su tiempo sin derechos.

El peronismo nació para enfrentar la injusticia laboral del siglo XX. Hoy debe enfrentar la injusticia laboral del siglo XXI.

El trabajador de plataformas es el nuevo “cabecita negra”

El viejo prejuicio de clase no desapareció: se recicló. Antes era el obrero de mameluco. Hoy es el repartidor, la cajera tercerizada, el programador freelance, la niñera sin aportes, el chofer de app.

Todos comparten la misma condición:

trabajan sin estabilidad

viven sin derechos

sostienen la economía real

están solos

La soledad es la nueva forma de dominación. Y la épica peronista siempre fue lo contrario: comunidad.

El sindicalismo tradicional no alcanza, pero sigue siendo necesario

Los sindicatos nacieron para defender al trabajador industrial. Hoy la industria ya no organiza la vida social, pero la precarización tampoco puede enfrentarse sin organización.

Surgen nuevas formas de defensa colectiva:

repartidores autoorganizados

cooperativas digitales

movimientos de trabajadores de apps

redes comunitarias de cuidados

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) reconoce que el trabajo de plataformas exige nuevos marcos de derechos. Fuente: https://www.ilo.org/global/topics/non-standard-employment/platform-work

El peronismo debe leer este cambio, no resistirlo.

El pueblo sigue ahí: cambió su forma, ni su esencia

El trabajador de hoy:

no tiene patrón visible

no tiene horario

no tiene sindicato

no tiene convenio

no tiene garantías de futuro

Pero sigue siendo pueblo.

Hay una escena que lo revela con crudeza: el trabajador que, durante los años de expansión del consumo, pudo comprar el auto familiar, símbolo de ascenso y dignidad; y que hoy, tras apoyar proyectos que prometían “libertad” y “fin de la casta”, se ve obligado a poner ese mismo auto al servicio de una app para sobrevivir.

No es una paradoja: es una tragedia política.

Ese auto no cayó del cielo. Fue posible por:

paritarias

salarios reales menos deteriorados

políticas de empleo

acceso al crédito

un piso de protección social

Cuando ese trabajador entrega su tiempo, su cuerpo y su auto a una plataforma que no lo reconoce, no solo pierde ingresos: pierde memoria de clase.

No es “ingratitud”. Es el resultado de una operación política más profunda: desvincular los derechos conquistados de los proyectos que los hicieron posibles, y asociar la frustración actual a cualquier forma de organización colectiva.

La épica peronista, si quiere volver a ser creíble, debe animarse a decirlo:

“No fue el mercado el que te permitió comprar ese auto. No es la libertad de plataforma la que te dignifica. Fueron derechos, fueron políticas, fue comunidad organizada.”

El pueblo sigue ahí, aunque hoy maneje para una app, reparta en bicicleta o venda por redes sociales. Lo que falta no es pueblo: falta un relato que le devuelva conciencia de sí.

PODEMOS CIERRAR DICIENDO

El trabajador argentino cambió de forma, pero no de esencia. Ya no entra a la fábrica a las seis, ya no marca tarjeta, ya no tiene delegado ni asamblea. Hoy pedalea, maneja, cuida, programa, vende, inventa, resiste. Lo hace solo, pero no porque quiera: lo hace porque lo empujaron a la soledad.

Y sin embargo, en cada uno de esos cuerpos cansados late la misma verdad que encendió al pueblo en 1945: la dignidad no es un lujo, es un derecho.

La épica peronista no murió. La ocultaron bajo discursos individualistas, algoritmos que no miran a los ojos y promesas de libertad que terminan en endeudamiento y autoexplotación. Pero sigue ahí, esperando ser nombrada.

Porque la épica no es un recuerdo: es la capacidad de un pueblo de reconocerse como protagonista de su propia historia.

Hoy, cuando miles de trabajadores manejan el auto familiar para una app que no los reconoce, cuando otros pedalean bajo la lluvia para sostener un hogar que el mercado no ve, cuando jóvenes enteros viven sin horizonte laboral, la épica peronista vuelve a ser urgente.

No para repetir el pasado. No para imitar liturgias. Sino para decir, con claridad:

“No estás solo. No naciste para obedecer a un algoritmo. No sos un número. Sos pueblo. Y el pueblo tiene memoria, tiene dignidad y tiene destino.”

Saludo Fraternal, Compañero Luis Di Stefano.

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