La
“clase media asalariada”: el mito que distorsiona la estructura social
argentina
El sentido de pertenencia es una fuerza
silenciosa que organiza nuestra vida social. Nos impulsa a interactuar, a
reconocernos y a buscar nuestro lugar dentro del entramado colectivo. Muchas
veces, ese reconocimiento no surge en grandes debates ni en espacios formales,
sino en los ámbitos cotidianos: el trabajo, las tareas compartidas, la
convivencia diaria con quienes atraviesan desafíos parecidos a los nuestros.
En esos espacios comunes —donde la cooperación
nos acerca humanamente al otro— nace una forma elemental de conciencia social.
Es una percepción casi intuitiva: sin necesidad de confesiones profundas,
sabemos que compartimos una misma condición. Basta mirarnos, escucharnos,
trabajar codo a codo, para sentir que pertenecemos a una misma clase, a una
misma realidad material.
Fue justamente en una de esas conversaciones
espontáneas, mientras trabajábamos junto a mi compañero Germán Flores, que
apareció una pregunta que nos persigue como argentinos y como trabajadores: ¿Qué
es realmente la clase media? ¿Pertenecemos a esa clase social o lo
nuestro es otra cosa?
De ese intercambio sencillo pero revelador
surge la reflexión que da origen a esta nota. Porque a veces, para entender la
estructura social, no hace falta mirar estadísticas: basta escuchar lo que
ocurre entre quienes comparten la misma vida cotidiana.
1.
Autopercepción vs. realidad material
En Argentina, más del 80% de la población se
autodefine como “clase media”. Sin embargo, cuando se aplican criterios
económicos estrictos, esa cifra cae a casi la mitad. La contradicción revela
una confusión profunda entre nivel de vida y posición estructural.
Investigaciones del CONICET muestran que esta
brecha se sostiene por factores simbólicos y culturales más que económicos. El
sociólogo José Natanson ha descrito esta identidad como un “país imaginario”:
una aspiración colectiva que persiste incluso cuando las condiciones materiales
se deterioran.
Estudios de Ana Laura Lobo (UBA–CONICET)
confirman que la categoría “clase media” funciona como horizonte simbólico de
pertenencia, no como descripción estructural. Las crisis de los años 90 y
posteriores revelaron la fragilidad real de estos sectores.
2. La
definición estructural: autonomía vs. dependencia
La sociología clásica define la clase por la
relación con la fuente de ingresos:
- Clase
trabajadora: depende de un salario.
- Clase
media real: controla su propio medio de vida
(profesionales independientes, pequeños comerciantes, productores).
- Clase
alta: posee capital que genera más capital.
Bajo este criterio, un asalariado —aunque gane
bien— no es clase media: su estabilidad depende de la continuidad de la empresa
o del Estado empleador.
3. El
problema del asalariado “clase media”
La paradoja es evidente:
Si una persona deja de ser clase media apenas
pierde su empleo, entonces nunca fue clase media.
Fue, en todo caso, clase trabajadora con
nivel de vida medio.
La mayoría de quienes se consideran clase
media en Argentina:
- son
asalariados,
- no
poseen capital productivo,
- no
controlan su fuente de ingresos,
- pueden
caer en la pobreza ante un despido o crisis.
La “clase media asalariada” es, en realidad, clase
trabajadora con consumos medios.
4. Clase
baja e indigencia: cuando no hay piso material
Para comprender la estructura social, es
necesario distinguir:
Clase baja
- alta
precariedad laboral o desempleo,
- fuerte
presencia de informalidad,
- ingresos
insuficientes para garantizar estabilidad,
- dependencia
de ayudas estatales o redes familiares,
- escasa
capacidad de ahorro.
Indigencia
- ingresos
que no alcanzan para cubrir la canasta básica alimentaria,
- ausencia
de condiciones mínimas de subsistencia,
- vulnerabilidad
extrema ante cualquier shock económico.
Los informes del INDEC muestran de manera
sistemática la existencia de un sector que no solo es pobre, sino directamente
indigente.
5. La
fragilidad del asalariado: si un despido te destruye, no cambiaste de clase
Estudios de movilidad social elaborados por
centros como CIPPEC muestran que los asalariados con ingresos medios tienen:
- movilidad
ascendente limitada,
- alta
probabilidad de movilidad descendente en crisis.
Esto confirma que el asalariado “de clase
media” es estructuralmente vulnerable: no posee amortiguadores patrimoniales ni
autonomía económica.
6. Mejores
sueldos no implican ascenso de clase
La narrativa del “ascenso social” confunde dos
planos:
- Mejora
del ingreso: más consumo, acceso a bienes.
- Cambio
de clase: control de la fuente de ingresos y del
capital.
Un trabajador que pasa de un salario bajo a
uno medio:
- mejora
su nivel de vida,
- sostiene
consumos “de clase media”,
- pero
sigue siendo trabajador asalariado.
El cambio es cuantitativo, no cualitativo.
7. El mito
funcional de la “clase media asalariada”
La categoría “clase media” cumple funciones
políticas y simbólicas:
- fragmenta
a la clase trabajadora entre “calificada” y “no calificada”,
- debilita
la conciencia de intereses comunes,
- desplaza
la atención desde la estructura hacia el mérito individual,
- invisibiliza
la concentración del capital,
- oculta
la persistencia de la indigencia y la pobreza estructural.
Como señala José Natanson, esta identidad
difusa construye un sujeto político desorganizado y fácilmente manipulable.
8. Una
clasificación más precisa para la Argentina actual
- Indigentes
- Clase
baja
- Clase
trabajadora dependiente
- Clase
trabajadora calificada (mal llamada “clase media”)
- Clase
media autónoma real
- Clase
media propietaria
- Clase
alta empresarial
- Capital
financiero y corporativo
Conclusión:
recuperar el lenguaje para recuperar el poder
La evidencia es clara: la “clase media
asalariada” no constituye una clase social diferenciada, sino un segmento
de la clase trabajadora con mejores salarios.
Reconocer esta distinción permite:
- comprender
la persistencia de la pobreza y la indigencia,
- dimensionar
la fragilidad real de los asalariados,
- evitar
que el lenguaje mediático o estadístico oculte la estructura de poder.
La clase no se define por lo que se compra,
sino por quién controla la fuente del ingreso.
Bibliografía
en la web.
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Favero, B. (s.f.). Trabajos presentados en
Jornadas Interescuelas de Historia. Universidades Nacionales.
Saludo Fraternal, Compañero Luis Di Stefano.
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