Ir al contenido principal

La ignorancia como dispositivo de poder: estamos dejando de pensar

 Hay una frase que se escucha en la calle, en los pasillos, en las fábricas, en los comedores, en las filas de los trabajos: “La gente no piensa.” Pero esa frase, así suelta, es una trampa. No explica nada, no señala responsables, no ilumina ningún proceso. Y, sobre todo, no entiende que la ignorancia no es un accidente. La ignorancia —como vengo diciendo hace tiempo— es una arquitectura de poder, una construcción lenta, administrada, distribuida y sostenida por los sectores que necesitan un pueblo debilitado, desorientado y emocionalmente manejable.

En Argentina, como en buena parte del mundo periférico, la ignorancia no es un vacío ni una falla moral del pueblo. No es culpa del ignorante. Es un producto político. Se fabrica, se administra y se distribuye. Y cuando uno mira más adentro, cuando lee entre líneas, descubre que no se trata de un fenómeno cultural aislado, sino de una ingeniería de manipulación social. No sé si siempre es el gobierno, pero sí son los sectores de poder los que entienden que la ignorancia no es falta de información: es incapacidad de procesarla.

Vivimos en un país donde hay información de sobra, pero la comprensión es la que falta. El ciudadano está superado por sus emociones, cargado de odio, de descreimiento, de bronca acumulada. Cada persona se mueve como una bestia solitaria destilando su propio rencor. La UNESCO lo señaló hace años: la sobrecarga informativa produce sujetos saturados, no informados. (UNESCO: https://www.unesco.org/en/education)

La ignorancia contemporánea no es analfabetismo: es desorientación. Es un pueblo que recibe estímulos, pero que no logra darle sentido. Es un pueblo que vota, pero no analiza no delibera. Es un pueblo que sufre la desigualdad, que es víctima del poder económico y político corrupto, pero que no es capaz de interpretar lo que le pasa. Y cuando un pueblo no interpreta, queda a merced de quienes sí interpretan por él.

A esto se suma algo gravísimo: la confusión total entre modelos políticos y nombres propios. El pueblo mezcla modelos económicos, sociales y productivos con los apellidos de los políticos. Personaliza los modelos. Les pone nombre propio. Y eso es un error fatal. Un modelo no es un político. Un modelo es una estructura, una matriz productiva, una forma de distribuir justamente las riquezas de nuestra tierra. Cuando un pueblo no distingue eso, queda indefenso.

Los medios y los operadores del poder lo saben. Por eso usan el odio como herramienta principal. El odio es barato, rápido y eficaz. No requiere memoria, ni necesita proyecto, ni mucho menos una comunidad organizada. Solo necesita un enemigo disponible. El odio despolitiza corta camino elimina el análisis y nubla la razón. Convierte la política en un campo de batalla donde se descargan todas las emociones. Mientras el pueblo descarga esa bronca, el poder descarga su artillería de reformas y destruye el andamiaje jurídico. Mientras el pueblo se pelea entre sí, los verdaderos actores deciden en silencio.

Esto genera una fragmentación política y social que nadie quiere reconocer. El poder oculto en argentina lleva mucho tiempo produciendo votantes aislados: trabajadores sin gremio, jóvenes sin horizonte, familias sin tiempo, barrios sin comunidad, ciudadanos sin lenguaje político y esto no es sano para nuestro pueblo. Bauman habló de la modernidad líquida, de vínculos rotos y sociedades desarmadas. (Referencia general: https://www.politybooks.com/modernity)

Un país fragmentado es un país gobernable. Un país sin memoria es un país disponible para el saqueo. Un país sin una comunidad organizada es un país sin resistencia.

Y en este contexto también aparece una frase muy toxica que destruye todo: “Todos los políticos son corruptos.” Esa frase funciona como un virus cultural. Cuando se instala, destruye la capacidad de distinguir proyectos. Borra las diferencias entre modelos de país. Reduce la discusión pública a nombres propios. El pueblo deja de ver estructuras y empieza a ver personas. Y así, en vez de discutir qué modelo de país queremos, la sociedad discute quién le cae bien o mal. En vez de analizar qué matriz productiva necesitamos, se debate qué apellido genera rechazo. En vez de pensar cómo se distribuye la riqueza, se pregunta quién roba más.

El resultado es devastador: los modelos desaparecen y solo quedan las caras. Y cuando los modelos desaparecen, el poder económico gana siempre.

Los modelos son independientes de los apellidos. Un político puede ejecutar un modelo, administrarlo o desviarlo, pero no lo inventa desde cero. Confundir modelos con personas es analfabetismo político y también es claro que es inducido. Y es exactamente lo que el dispositivo de poder necesita para funcionar.

Cuando el individuo está roto, el voto también está roto. Cuando la vida cotidiana es supervivencia, la política se vuelve un lugar de descarga emocional. Cuando la identidad se destruye, el odio se vuelve brújula. El voto emocional no es culpa del votante: es un síntoma del dispositivo. Es el resultado de un trabajo a largo plazo que destruyó al pueblo y al individuo hasta desunirlos completamente.

¿Quién gana con la ignorancia? Ganan los corporativos que necesitan mano de obra barata y dócil. Ganan los que necesitan consumidores distraídos ansiosos, sin sentido. Ganan los que necesitan ciudadanos sin memoria. Ganan los que necesitan un país sin identidad. Ganan los que necesitan un pueblo que reaccione, pero que no piense. La ignorancia es rentable, gobernable y funcional.

Por eso, desde melcalia, mi intención no es dar datos como un científico. Mi intención es interpretar lo que nos pasa como pueblo. Recuperar lo que nos arrebataron: la capacidad de pensar, de nombrar, de identificar los proyectos, de tener memoria, de deliberar, de reconocernos como sujeto colectivo. Porque un pueblo que piensa no es manipulable. Un pueblo que recuerda no es gobernable por las emociones banales, porque tiene identidad tiene historia tiene pertenencia. Un pueblo que se reconoce no es utilizable como tropa o peor aún como ganado.

La ignorancia no se combate con datos: se combate con sentido. Con sentido común, con sentido social, con sentido de pertenencia. Con memoria, con identidad, con lenguaje compartido. La verdadera disputa política de nuestro tiempo no es electoral: es antropológica. Se juega en la identidad, en la memoria, en la interpretación de lo que nos pasa.

La intención desde melcalia como militante ideológico es aportar a la reconstrucción del sujeto político argentino, intentar recuperar nuestra capacidad de pensar, volver a visualizar ese horizonte de un país industrializado, soberano, educado y libre. Un país donde la política vuelva a ser herramienta de liberación y no un ring donde descargamos nuestra bronca. Un país donde la memoria sea una brújula, un aprendizaje y no una carga emotiva dispuesta a estallar en cualquier debate político. Un país donde la identidad sea la conciencia colectiva y no el sentimiento emocional que nubla la razón convirtiéndonos en bestias fácilmente dirigidas.

Saludo Fraternal, Compañero Luis Di Stefano.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Resistencia obrera: la Constitución como arma contra la precarización

Permiso, queridos compañeros y compañeras. La tarea parecía difícil, pero tras el intercambio fraterno con mis amigos y compañeros de militancia —el Doctor Juan Domingo Salinas y el compañero Leonardo Baban, analista político sagaz, ácido y desconfiado— decidí echar manos a la obra y entregar este pequeño aporte para todos los militantes de base. Se entiende, por demás, que los cuadros de dirección y los equipos técnicos tienen la obligación de elaborar informes exhaustivos y dictámenes jurídicos de gran complejidad. Sin embargo, este trabajo busca ser un  instrumento sencillo y claro , pensado para la militancia de base, para quienes día a día sostienen la organización sindical y la defensa de los derechos de los trabajadores. La reforma laboral que se pretende imponer no es un hecho aislado: forma parte de un proyecto político y económico que busca  fragmentar la negociación colectiva, debilitar la autonomía sindical y precarizar las condiciones de trabajo . Frente a ello, ...

La “clase media asalariada”: el mito que distorsiona la estructura social argentina

  La “clase media asalariada”: el mito que distorsiona la estructura social argentina El sentido de pertenencia es una fuerza silenciosa que organiza nuestra vida social. Nos impulsa a interactuar, a reconocernos y a buscar nuestro lugar dentro del entramado colectivo. Muchas veces, ese reconocimiento no surge en grandes debates ni en espacios formales, sino en los ámbitos cotidianos: el trabajo, las tareas compartidas, la convivencia diaria con quienes atraviesan desafíos parecidos a los nuestros. En esos espacios comunes —donde la cooperación nos acerca humanamente al otro— nace una forma elemental de conciencia social. Es una percepción casi intuitiva: sin necesidad de confesiones profundas, sabemos que compartimos una misma condición. Basta mirarnos, escucharnos, trabajar codo a codo, para sentir que pertenecemos a una misma clase, a una misma realidad material. Fue justamente en una de esas conversaciones espontáneas, mientras trabajábamos junto a mi compañero Germán F...

La libertad como dispositivo de dominación: anatomía del autoritarismo de mercado

  La libertad como dispositivo de dominación: anatomía del autoritarismo de mercado Pocas palabras han sido tan moldeadas, vaciadas y reutilizadas como libertad. En su nombre se prometen futuros luminosos mientras se ejecutan políticas que generan hambre, desigualdad y pérdida de derechos. La retórica libertaria se presenta como emancipación, pero en muchos casos funciona como un dispositivo de dominación que opera sin necesidad de represión directa. Este artículo examina cómo ciertos gobiernos utilizan la idea de libertad para legitimar decisiones que benefician a minorías económicas y empobrecen a las mayorías. No se trata de señalar individuos, sino de describir un patrón ideológico que reaparece en distintos momentos históricos.   1. La libertad: un concepto en disputa La teoría política identifica tres sentidos fundamentales de libertad, y comprenderlos es clave para analizar su uso político. 1.1. Libertad negativa La ausencia de interferencia del Est...