En la mañana del 29 de diciembre de 2025, vísperas del 2026 —ayer nomás— me
escribe mi cuñado, un hombre ferroviario, trabajador, calmo y profundamente
humanista, de ideología política igual a la de quien les escribe. Ambos
militantes dentro de nuestro partido. Por alguna razón estábamos referenciados
con diferentes dirigentes dentro del P.J. Muchas fueron las charlas en estos
años de parentesco, y siempre coincidimos en que deberíamos estar juntos en
nuestra militancia en algún momento de nuestras vidas.
El destino quiso que quien les habla haya quedado en un estado de orfandad
organizativa por cuestiones ajenas a mis referentes y, más aún, a mi persona.
Dadas las circunstancias y la necesidad de ponernos en acción, decidí escuchar
atentamente a mi cuñado y compañero, quien me proponía acompañarlo a un
encuentro informal con su referente político. Sin dudarlo, me sumé al
encuentro.
Escuché atento todo lo hablado y lo propuesto por el compañero conductor, y
me resultó verdaderamente racional, consciente y, sobre todo, humanista. Los
compañeros que estaban con él ese día me parecieron también muy conscientes y
realistas.
Se habló de las necesidades reales de la ciudad y sus habitantes, y de cómo
encarar un proyecto que sea viable y sostenible en el tiempo. Verdaderamente
fue un encuentro muy interesante y motivador, el cual dio lugar a las líneas
que siguen a continuación.
Después de años de inercia, fragmentación y una especie de hipnosis social que adormeció su potencial, la ciudad vuelve a mirarse a sí misma. A la vera del Río de la Plata, donde alguna vez se gestó uno de los polos industriales más dinámicos del país, hoy emerge una propuesta política que no se limita a prometer: plantea un rumbo.
Ese rumbo parte de una premisa evidente: Berisso es un territorio
estratégicamente ubicado y, sin embargo, históricamente relegado. Comparte con
Ensenada uno de los puertos energéticos más relevantes de la industria
petrolera argentina, un nodo que en los últimos años se expandió al ritmo del
mercado y dio origen a una terminal de contenedores propia de una ciudad
cabecera de la marina mercante. Pero ese avance —real, medible, concreto—
permanece fuera de la conciencia colectiva. No se traduce en empleo local, no
derrama en infraestructura urbana, no genera oportunidades para quienes
deberían ser sus beneficiarios naturales: las y los trabajadores de Berisso.
La propuesta que hoy toma forma busca revertir esa desconexión. Habla de
modernizar la ciudad sin diluir su identidad, de atraer empresas con capacidad
de producción local, empresas comerciales vinculadas al comercio local y
exterior, de impulsar servicios logísticos, de promover inversión en bienes
raíces y de abrir la puerta a un turismo cultural que no consuma territorio,
sino que lo interprete. Un turismo que venga a conocer la historia, observar el
progreso y participar del futuro.
La inclusión social, en este marco, deja de ser un eslogan y se convierte en
una estrategia: crecimiento ordenado, sostenible y consciente. Recuperar la
historia no desde la nostalgia —que inmoviliza— sino desde la planificación
—que transforma—.
El diagnóstico es claro: el mundo cambió. La automatización, la inmediatez y
la economía digital alteraron la forma en que trabajamos, consumimos y
habitamos. La tecnología promete comodidad, pero también precariza certezas. aun
así, incluso en este nuevo orden, la intervención humana sigue siendo
indispensable. Berisso no puede quedar al margen de esa transición.
Por eso, la modernización que se plantea no es un capricho ni un gesto
cosmético: es una necesidad urgente. La ciudad requiere un desarrollo
habitacional, industrial y urbano alineado con los estándares actuales, pero
sin renunciar a la identidad obrera, portuaria y migrante que la define desde
sus orígenes.
Ese progreso —tecnológico, industrial, habitacional y social— debe
construirse con responsabilidad. Con un rumbo claro, con reglas estables y con
la mirada puesta en las próximas generaciones. Una transformación bien diseñada
no solo mejorará la calidad de vida: también atraerá interés turístico,
cultural e histórico, como en aquellos años en que Berisso era referencia
regional y orgullo de sus habitantes.
Hoy, es posible acompañar una visión de ciudad que aspire a materializar
estas ideas. Una visión que entienda que el futuro no llega solo: se construye.
Y que Berisso, después de tanto tiempo, está lista para hacerlo.
El encuentro obviamente fue mas extenso y profundo de lo que acá se describe
a grandes rasgos, el hecho de ver un vecino que aspira a revalorar la ciudad, no
solo pensando el presente, sino que se proyecta en las necesidades de las
generaciones futuras, revitaliza las ganas de seguir militando, de continuar la
obra de aquellos que sin mezquindades forjaron esta ciudad para los que hoy
habitamos en ella.
Por si esto fuera poco, los transeúntes paran a saludarlo y estrecharle las
manos, no es un dato menor, en una ciudad con historia, con identidad, esto es importantísimo
a la hora de valorar la trayectoria de quienes aspiran ponerse al servicio de la
ciudad y sus habitantes.
Así fue como en este encuentro conocí a Juan Ignacio Mincarelli, abogado,
concejal y profundamente humanista, un hombre de Berisso, para Berisso.
te dejo un video para que puedas conocer a juani y el link para vicitarlo.>>Juan Ignacio Mincarelli
Despierta Berisso.
Saludo Fraternal; Compañero luis Di Stefano

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