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Economía de fuerzas




Principio histórico según Juan Domingo Perón

En sus clases de Conducción Política, Perón definió la economía de fuerzas como condición fundamental para vencer en la lucha política:

Este principio, heredado de su formación militar y trasladado al terreno sindical, implica que no toda energía debe desplegarse en cada jornada, sino que debe reservarse para el instante decisivo. La economía de fuerzas es, por tanto, una ética de conducción y resistencia, que asegura la victoria al concentrar poder en el lugar y momento adecuados.

 Referencia: Conducción Política – Instituto Nacional Juan Domingo Perón.

 

Como lo aplica el movimiento obrero y el sindicalismo argentino, por supuesto siguiendo mi forma de analizar la realidad, basándome en mi experiencia como militante, no puedo hablar a modo de representatividad pues nunca e ocupado cargos dirigenciales ni directivos, los cuales requieren más capacidad intelectual y una visión política y realista a la cual este humilde servidor no puedo alcanzar, entendiendo mis limitaciones intelectuales prosigamos con nuestro humilde análisis que intenta ser un aporte a mis pares de militancia.

La organización sindical argentina adoptó este principio como parte de su lógica estratégica:

Los gremios mayores garantizan la representación y visibilidad de las demandas comunes.

Los sindicatos menores se convierten en reserva organizada, preservando energías para irrumpir en coyunturas decisivas.

La ausencia no es debilidad, sino potencia diferida, que fortalece la unidad y evita el desgaste.

Análisis complementario: Sindicalismo argentino frente al capitalismo actual – CONICET.

 

Militancia y ética de resistencia

Desde mi humilde perspectiva militante, la economía de fuerzas se resignifica como:

Ausencia como potencia latente, no como vacío.

Unidad expresada tanto en la calle como en la reserva.

Fidelidad a la filosofía de la lucha, que evita el desgaste y preserva la fuerza colectiva.

La militancia como filosofía, como cultura de vida, convierte la reserva en un acto consciente de resistencia, asegurando que cada sindicato, grande o pequeño, tenga su momento histórico.

 

En el movimiento obrero, cada decisión tiene un sentido histórico y estratégico. La ausencia de ciertos sindicatos menores en las movilizaciones no debe interpretarse como debilidad ni desinterés, sino como parte de una lógica superior: la economía de fuerzas.

Este principio nos recuerda que la lucha no se mide sólo por la presencia inmediata, sino por la capacidad de administrar energías para el momento justo. La ausencia, entonces, no es vacío: es potencia diferida.

Cuando la movilización ya cuenta con la adhesión de organizaciones sociales y gremiales de gran convocatoria, que garantizan la visibilidad de las demandas comunes, no sería necesario en este contexto la participación de gremios pequeños, pues estas presencias serían redundantes. Su ausencia no significa falta de coincidencia, sino confianza en que sus intereses están siendo defendidos por estructuras con mayor alcance.

Los sindicatos menores, al no ser convocados, se convierten en reserva organizada. Esta reserva no es pasividad, sino potencia latente: la fuerza que se preserva para irrumpir cuando la coyuntura lo requiera.

La no convocatoria debe interpretarse como un gesto de inteligencia estratégica, que fortalece al movimiento sindical en su conjunto. La ausencia no es exclusión: es confianza. La unidad se expresa tanto en la calle como en la reserva, porque todos somos parte de la misma causa.

Concluimos entonces que la economía de fuerzas, formulada por Perón y resignificada en la militancia, sigue siendo un principio vigente:

Concentrar energías en el momento decisivo.

Evitar el desgaste en luchas secundarias.

Convertir la ausencia en reserva organizada.

Lejos de debilitar, esta lógica fortalece al movimiento obrero, porque distribuye inteligentemente los esfuerzos y preserva la potencia colectiva.

Este es mi humilde aporte queridos compañeros, si tienen alguna duda mi recomendación es siempre: dirigirse a los miembros de sus comisiones directivas, sea cual fuere la organización a la que pertenezcan, pues ellos podrán orientarlos con claridad meridiana debido a su gran capacidad de análisis y resolución de la realidad, la cual solo se puede alcanzarse con su visión más profunda e intelectual de los hechos lo que los acerca a un juicio más racional en el contexto actual.


 

Saludo fraternal compañero Luis Di Stefano

 


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