🔥 Proclama contra el Tirano y su Casta
Debemos poner fin al poder del hombre
que sometió a un país al hambre,
a la desocupación,
que nos enemisto entre hermanos
que sembro el odio en la sangre
que destruyó el sistema sanitario
y privó al pueblo de asistencia farmacológica,
permitiendo que el cáncer cobrara vidas inocentes
por falta de medicación y tratamientos
imposibles de pagar para un ciudadano común.
El hombre que desfinanció la energía,
entregando el control al monopolio,
que elevó el valor de los servicios
y condenó a miles de hogares
a sufrir las desventuras de la escasez.
El que atentó contra la educación
de nuestros hijos, de nuestros hermanos.
El que desfinanció el servicio vial,
volviendo un riesgo para la vida humana
transitar rutas sin mantenimiento.
El que abandonó a los obreros,
desfinanció el transporte público,
único medio para ir al trabajo,
para que nuestros hijos estudien,
para llegar a hospitales públicos
que, carentes de recursos,
se convirtieron en una agonía extra
para quienes buscan sanación.
El mismo hombre que castiga a los jubilados en las calles,
usando las fuerzas armadas
como guardia pretoriana
de un reinado hereje y desalmado.
El que cargó contra la felicidad de un pueblo,
que abandonó la seguridad cotidiana
a la suerte del destino,
porque sus fuerzas del orden
dejaron las calles
para custodiar la metrópolis
que aloja a la burguesía nacional,
a la oligarquía asquerosa
que acompaña a los políticos de turno.
Paradójicamente, este hombre dijo combatir
a quienes llamó “la casta”,
y hoy reina entre sus filas,
como el más ególatra e indolente de todos.
Pero no está solo.
Lo acompañan en su dantesca, exagerada y brutal era de herejías
los más desalmados e incoherentes sociales:
hombres y mujeres de la peor calaña política,
personajes de carrera ya conocidos,
que no hallaron refugio en otros espacios
por sus deslealtades y prontuarios extensos.
También reinan junto a este tirano
personajes que el pueblo sufriente no conocía,
pero que, ávidos de riqueza y poder,
son capaces de apagar sus corazones
y arremeter traicioneramente
contra quienes en ellos confiaron.
Esta horda de herejes apátridas
ha abierto las puertas de nuestra nación
para que buitres y chacales de tierras remotas
vengan a saquear y castigar impunemente a nuestro pueblo.
Gobiernan en nombre de una libertad falsa,
dirigidos por uno de los tiranos
más soberbios, irónicos y desalmados
que ha visto nuestra patria.
Un tirano que gritaba y predicaba el odio
al orden, a la organización,
a la comunidad organizada.
Un déspota que proclamaba la destrucción del Estado,
como si el Estado no fuera
la resultante de años de trabajo
de un pueblo que se había organizado.
Este tirano y su casta iracunda
han vendido sus almas
al titiritero mayor de todos los tiempos:
el poder hegemónico global
que mueve los hilos de la economía globalizada.
Ese poder invisible que acecha a las naciones,
que busca entre sus habitantes
personajes sin alma
para penetrar sus fronteras
como un virus que invade una célula
e intenta replicarse
para destruir el sistema inmunológico.
Así se contagian los pueblos,
así el odio enferma a las naciones.
Y cuando éstas despiertan,
la carga viral ha hecho estragos
y el sistema está enfermo.
Los resultados están a la vista.
Ahora es tiempo de curarse,
de expulsar el virus,
de recomponer la patria.
Por eso, a estos falsos profetas,
a estos tiranos herejes, irónicos, desalmados y avaros,
este año les diremos:
¡FUERA!
¡FUERA LIBERTARIOS!
¡FUERA TRAIDORES!
—Compañero Luis Di Stefano


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